Fuera De Este Mundo: La Estampida Para Colonizar La Luna:
“No se sorprenda si para el 2025 se coloca una bandera china en la Luna”.
Esta predicción del físico y futurólogo estadounidense Michio Kaku, citada por el Wall Street Journal en marzo de 2012, fue incorrecta en un solo aspecto: Ya ha sucedido. Como lo señaló Rebecca Morelle, editora científica de “BBC Profundo”, el 9 de junio de 2024, esa misma semana se habían transmitido a la Tierra imágenes desplegando los colores de la República Popular en la cara oculta de la Luna. Y eso es sólo el principio. Ya se ha anunciado que su objetivo es llevar dos astronautas allí en 2030.
El plan de la Agencia National Aeronautica y Espacial Norteamericana
(NASA) de hacer lo mismo con su programa
“Artemis” se ha retrasado al menos hasta septiembre de 2026, pero Bill Nelson, su administrador jefe hasta que Donald Trump regresó a la Casa Blanca, confía en que Estados Unidos siga liderando la “Carrera Lunar” y llegara de nuevo antes que sus competidores. Sin embargo, como señala Morelle, hay una gran cantidad de países y empresas que también tienen la
superficie lunar en la mira en la lucha por los recursos y el dominio espacial. Aunque el terreno puede parecer bastante árido, ella destaca el hecho de que contiene minerales valiosos, metales como el hierro y el titanio, así como helio, que tiene innumerables usos, desde superconductores hasta dispositivos médicos. Existe un riesgo claro de que las tensiones y rivalidades que ya
existen en la Tierra se repliquen en la Luna, sobre todo porque se han detectado restos de hielo de agua en el
interior de algunos cráteres, que podrían proporcionar agua potable y utilizarse para generar oxígeno.
Según la Reseña de la Población Mundial, entre los países y entidades que tienen ambiciones de expedir naves con o sin tripulaciones a la Luna en 2030 o participar en misiones conjuntas están Canadá, la Agencia Espacial Europea (ESA),
Japón, México, Sudáfrica, Corea del Sur, Suecia , Turquía y los Emiratos Árabes Unidos. El
15 de enero, la corresponsal de la BBC, Kathryn Armstrong, informó de que dos módulos de aterrizaje construidos por la empresa estadounidense Firefly Aerospace y la japonesa “Ispace” acababan de despegar de la Tierra a bordo de un cohete SpaceX, propiedad de Elon Musk, como asociados de
un “viaje compartido” a la Luna. Según Noticias AP, el Starship de SpaceX es actualmente el cohete más grande disponible (aproximadamente 400 pies/123 metros) y es el que la NASA utilizará para sus astronautas a finales de esta década, lo que podría explicar en parte el estatus actual de Musk como el
“mejor aliado” del Presidente Trump.
El éxito de la India al ubicar su Chandrayaan-3 cerca del inexplorado polo sur lunar en agosto de 2023 ha atraído una atención particular,
sobre todo porque se logró a un coste relativamente bajo. Su intencion es enviar alli una misión tripulada en 2040, un orbitador a Venus y comenzar a construir su propia estación espacial. En opinión de la baronesa y ejecutiva
de negocios Karren Brady, expresada en el periódico Sun, las “considerables sumas
involucradas” podrían gastarse mejor en aliviar la pobreza de los millones de indios que “tienen que sobrevivir con menos de £5,43 libras al día”.
El editor de ciencia del Observer, Robin McKie, ha descrito la situación emergente como una “enorme usurpación de tierras
lunares” y un “choque astronómico entre la ciencia y los negocios”. La principal incertidumbre ahora gira en torno a la legalidad que tiene un pais
de reclamar como su propiedad, el area donde se ha posado una nave, ha plantado su bandera y luego ha establecido algún tipo de base. Gbenga Oduntan, profesor de Derecho en la Universidad de Bradford, recalcó en “La Conversacion” el 3
de enero que el Tratado del Espacio Exterior de 1967 estipulaba que el espacio debería ser libre para la exploración y el uso de todos los estados y “no estar sujeto a la apropiación nacional por reivindicación de soberanía”.
A esto le siguió el “Acuerdo Sobre La Luna” de 1979 entre 17 naciones, que especifica que “tanto la superficie, el subsuelo de la Luna, o cualquier parte de ella, no seran propiedad de
ningun estado, incluyendo igualmente los recursos naturales en el lugar”. Sin embargo, Estados Unidos, Rusia ni China han firmado este pacto. En efecto, sugiere Morelle, cualquiera que establezca un campamento
en la superficie lunar puede crear sus propias reglas y rechazar no importa que desafío a su autodeclarada “zona de exclusión”, incluso si por el derecho internacional en realidad no es el poseedor. Aunque hay mucha amplitud en la Luna, las áreas cercanas a los cráteres llenos de hielo son los bienes raices mas codiciados. Entonces, ¿qué sucede, pregunta Morelle, si todos quieren el mismo lugar para su futura base? O, una preocupación planteada por Joanna Thompson, colaboradora de la publicación neoyorquina en línea “Ciencia En Vivo, si un equipo de
investigación prohíbe a cualquier otro acercarse demasiado a su material, tal como sus astromoviles o sismometros estacionarios. No es un asunto legal inmediato. Pero pronto lo será.!