Tarjetas Beneficas De Navidad: Donde Va Realmente El Dinero?

¿Ya ha enviado todas sus tarjetas de Navidad? Si no lo ha hecho – y todavía quiere enviar saludos festivos a sus amigos y familiares en el extranjero – es demasiado tarde para usar el servicio Royal Mail. El último día para Sur y Centroamérica, El Caribe, África y el Medio Este (entre otros), fue hace casi dos semanas – el viernes 7 de diciembre. Si ellas, sin embargo, son para entregar dentro del Reino Unido, aun tiene un par de días – hasta el jueves 20 de diciembre, pero tendrá que usar un sello de primera clase, que ahora cuesta 60 céntimos. De todas formas, si perteneces a “los típicos de entre 18 a 25 años de edad” escribirás (como indica un informe publicado la semana pasada por la red de telefonía móvil “Three”) un máximo de seis tarjetas o enviarás cerca de 50 mensajes por e-mail o de texto durante el período Navidad/Año Nuevo. Tendrá una amplia variedad de opciones interactivas disponibles: “e-Cards.co.uk”, por ejemplo, dice que pueden ofrecer “humor gracioso o cursi o temas más maduras”. También puede elegir entre una “eCard de Navidad sombría o religiosa, si ese es el estilo que está buscando”.

Mientras tanto, incluso las “personas mayores” (el grupo demográfico más vinculado a la tradición de las tarjetas navideñas, la cual comenzó en 1843) parecen estar economizando en este particular artículo – principalmente debido al aumento del precio de los sellos. “Saga” (la organización para los mas de 50 años) ha observado que “en 2011, el promedio de tarjetas navideñas enviadas por personas de esta edad fue de 38. Se anticipa que este año el número caiga a 28 – una reducción del 26%”. El periodista David Sexton afirmo en un artículo en el “London Evening Standard” el pasado 13 de diciembre que, de forma lógica, “las postales de Navidad deberían haber sido relegadas a un segundo plano por Facebook, Twitter, e-mail y Skype” y, de hecho, esto es precisamente lo que parece haber estado sucediendo entre 2005 y 2010, cuando las postales adquiridas y enviadas “cayeron alrededor de un 20%”. Según un informe de Royal Mail, no obstante, la tendencia reciente ha sido la inversa: “Un sorprendente número de personas (afirman) preferiría una tarjeta tradicional en lugar de felicitaciones electronicos”. Además, las estadísticas de Royal Mail sugieren que el “ciudadano commun” se supone que enviaria cerca de 19 tarjetas, un aumento del 27% respecto al año pasado y que el 85% planean exponer las postales que reciban en su domicilio.

David Sexton destaco (con algo de escepticismo) que este aumento se debe “parcialmente a un quinto de la gente que piensa enviar más postales este año porque se siente culpable de non haberlo hecho el año anterior a alguien que lo estaba esperando”. También cito la opinión de Sharon Little (Presidente Ejecutivo de “Greeting Card Association”: GCA) de que “muchas personas se sienten insultadas por las e-cards. Saben que es gratis y que lleva menos de dos segundos hacerlo”. El GCA senala en su página web que – más que en cualquier otro país – “el envío y recibo de tarjetas de felicitación (no solo por Navidad) es una parte importante de nuestra cultura” y ofrece la información adicional de que un “85% de todas las tarjetas son compradas por mujeres”.

Las tarjetas de buenos deseos, por supuesto, cubren un gran variedad de funciones, desde “Mejórate pronto”, “Buena suerte en tu nuevo trabajo”, y “Felidades en sus 100 Años”. Este diciembre (publica “The Independent”), la policía de West Midlands está enviando tarjetas navideñas a “criminales profesionales”, incluyendo asaltantes y ladrones de viviendas y coches residentes en la región” invitándolos a adoptar una “nueva y honesta vida” en 2013. Hace unos años, el “Daily Telegraph” descubrió que la “Asociación Jephson Housing” había enviado tarjetas amenazando a desalojar a sus inquilinos en el Sur-Oeste, usando una ironica version del famoso villancico ingles: “Jingle Bells, Jingle Bells, Jingle todo el camino, si quiere permanecer en su hogar, su renta tiene que pagar”.

En su columna en el Daily Mail, el pasado 12 de diciembre, titulada: “No Deje Que Los E-mails Acaben Con Las Tarjetas de Navidad”, la comentarista Tessa Cunningham admitía que siente “un genuino brillo de entusiasmo” cuando las
tarjetas “repiquetean a través del buzón en su felpudo de la puerta”. También se mostraba evidentemente poco convencida de que los conocidos que habían enviado e-mails anunciando que “habían decidido donar el dinero ahorrado (al no usar tarjetas) a la caridad que escogieran” realmente lo harían en la práctica. “Como muchas personas”, Cunningham compra tarjetas navideñas benéficas. Probablemente quedo desilusionada, por tanto, por los “Scrooge Awards 2012” (Premios a las empresas más avaras del año), ortogardos por el “Charity Advisory Trust” (CAT), que calcula el monto de las tarjetas benéficas que van a las organizaciones caritativas en cuyo nombre (como la mayoría de clientes asume) los comerciantes están recaudando fondos. La indignante conclusión de “AOL Money UK” del informe CAT es que “algunos de estos negocios (tal como Selfridges y Heals) están destinando solamente un 7.5% de sus ventas de tarjetas navideñas al buena causa apropiada”. Aunque el porcentaje varía considerablemente, dependiendo de la compañía, se ha producido un descenso en la mayoría de los casos: “La contribución de WHSmith ha caído de un 25% en 2011 a un 16% en 2012”, y Clintons (que ha tenido que cerrar 350 de sus 700 establecimientos) ha disminuido su participación de un 25% a un 20%.

El análisis de Toby Waine en la página web “This is Money” es incluso más crítico: “Las tiendas en las calles principales britanicas pueden embolsarse la mejor parte de las ganancias de estas tarjetas, dejando menos de 10 céntimos por cada libra para las causas solidarias”. Tanto él como el defensor del consumidor “Which” (que estima que las postales navideñas aportan aproximadamente 50 millones de libras anuales para las organizaciones de la caridad) recomiendan “comprar directamente de tiendas benéficas. Tras la producción y otros costes, esto supondría que casi la mitad del precio de una tarjeta llegaría verdaderamente a la organización concreta”. Peter Jones (la tienda en Sloane Square que forma parte de la Sociedad John Lewis) es descrita por Waine como “El peor participante del año. Está enviando solo un 6% del precio de venta de sus tarjetas a la caridad ‘Shelter’ ”. La directora de CAT, Dame Hilary Blume, es muy clara en su desaprobación de la situación actual – especificamente en que “Las tiendas estan utilizando la etiqueta de la caridad con propósitos de marketing y de su propio enriquecimiento”.

Filed under: Sociedad | Posted on December 18th, 2012 by admin

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