El Futuro De Las Ayudas Del Reino Unido Al Extranjero: Deberia La Caridad Comenzar Por Casa?
El autor americano James Pickering una vez dijo que “preferiría ayudar a alguien que no lo necesitara que no ayudar a alguien que sí lo necesitara”. Esta filosofía un tanto relajada y altruista no coincide con la del Gobierno de Coalición Británico, que parece convencido de que el sistema de seguridad social está siendo despilfarrado por miles de personas que fingen estar incapacitadas para trabajar y de esa manera obtienen pagos a los que no tienen derecho. Este año, el monto total para el Seguro Social ascenderá a £147,77 billones – un incremento del 7% con respecto a 2009. El Ministro de Hacienda, George Osborne y el Secretario Principal del Tesoro, el Liberal Demócrata, Danny Alexander, ha dejado claro que pretenden introducir chequeos rigurosos a los “tramposos” y así reducir los costos de los beneficios por incapacidad (£6.7 billones anuales), discapacidad (£18.98 billones por año), subsidios ortorgados a los de bajos ingresos (£8.34 billones por año) y viviendas (£19.98 billones anuales). Estas medidas formaron solamente parte de la amplia gama de recortes (que incluyeron Defensa, Gobierno Local, Cultura y Deportes, Transporte y Salud) que aparecieron en el “Spending Review” del Gobierno, presentado al Parlamento el 20 de octubre. Esto señaló el momento en el que, de acuerdo con el reportero de negocios de la BBC, Edwin Lane, “la era de la austeridad” en el Reino Unido comenzó en serio. Como el señala, esto está sucediendo debido al pobre estado de las finanzas públicas: “En el periodo 2009-10, el déficit presupuestario alcanzó un récord de £155 billones, lo que significa que el Gobierno gastó significativamente más que lo que entro por impuestos”. Consiguiente, hubo que pedir prestado para rellenar el hueco, lo que se añade a las deudas de la nación, que se espera que alcancen £900 billones (70% del Ingreso Per Cápita) en los próximos años. Para erradicar la disparidad entre ingresos y egresos, necesitan recaudar al menos £86 billones -77% de los cuales provendrán de las reducciones en los gastos y 23% del aumento de los impuestos.
Entonces, ¿exactamente que significa todo esto en relacion a las contribuciones financieras que hace la Gran Bretaña a los países del “Tercer Mundo”? Las últimas estadísticas publicadas por el Departamento para el Desarrollo Internacional (DFID) confirmaron que el GPEX (Gasto Publico Bruto) del Reino Unido fue de £7,767 millones en 2009/10, £583 millones (8%) más que en los 12 meses previos. El reporte también indica que “La India continuó recibiendo la mayor cantidad de asistencia bilateral del DFID, con Etiopía en segundo lugar y Afganistán de tercero”. La partida de £2,277 millones de Asistencia Multilateral para el Desarrollo en el Extranjero (ODA) fue ademas canalizada a través de organizaciones como la Comisión Europea, el Banco Mundial y las Naciones Unidas. La ayuda para el África Sub-Sahariana se incrementó en 5% hasta £1,539 millones y quedo casi como antes para Asia (£1,089 millones). En cuanto a América Latina, Gran Bretaña ha estado (en opinión de la página web “Red Pepper”) “acatando la línea marcada por Washington” desde “la drástica poda” en el área, aplicada por Tony Blair con el fin de “financiar su participación en la invasión de Irak”. El DFID cerró sus oficinas en Perú y Honduras y mantuvo locales abiertos sólo en Nicaragua, Bolivia y (principalmente para propósitos comerciales) Brasil. Considera (según indica Red Pepper) que las naciones de América Latina son “países con ingresos medios” (MDC´s) capaces de forjarse su propio camino hacia la prosperidad y así no pueden calificar en programas para aliviar la pobreza extrema –lo cual “no toma en cuenta las extremas desigualdades” de la región. En el periodo 2008/09, la ayuda bilateral a Brasil fue de £860.000, a Colombia de £219,000, a Perú £492,000, para Bolivia £1.283,000, México £80,000, Honduras £824.000, Nicaragua £3,854,000 y (como pareciera desprenderse de las tablas oficiales) nada para Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Cuba o Venezuela.
En la Cumbre de las Naciones Unidas para los Objetivos de Desarrollo del Milenio (MDG) en septiembre, el Vice-Primer Ministro, Nick Clegg, confirmó que la ayuda del Reino Unido a los países más pobres se incrementaría a 0.7% del PIB (Producto Interno Bruto) desde 2013. Urgió a otras acaudaladas naciones a comprometerse en el mismo nivel. Esto coincidió con la declaración al Parlamento del Primer Ministro, David Cameron, de que la Gran Bretaña no cortaría su presupuesto de ayuda internacional y así podría “mantener su cabeza en alto”. La misma frase fue usada por George Osborne el 20 de octubre cuando anunció que el financiamiento de desarrollo internacional se incrementaría en 37% aún cuando las cantidades adjudicadas a la mayoría de los otros departamentos (por ejemplo, Defensa: menos 7.5%) serían reducidas sustancialmente. Esta política ha enfurecido a muchos de los medios de ala conservadora. El columnista del “Daily Mail”, Stephen Glover, declaró que “Si el Primer Ministro piensa que la ayuda al extranjero es más importante que la defensa de la Gran Bretaña, debería sentirse muy avergonzado”, añadiendo que (en su opinión) “dar fondos a los pobres y necesitados en el Tercer Mundo es una causa que está de moda, frequentemente inefectivo y termina siendo robado por gobernantes corruptos”. Su periódico evidentemente aprueba la decisión de parar la ayuda a Rusia (£190,000 en 2008/9) y China (recibió £40 millones de la Gran Bretaña el año pasado) –pero no la de continuar las donaciones a la India (más de £295 millones en 2009), que tiene “la cuarta economía más grande del mundo”. Citaron la opinión del MP Conservador Philip Davies de que “si no hay suficiente dinero para cubrir las prioridades domésticas, entonces tampoco hay suficiente para donarlo en el exterior”.
El titular del “Daily Express” del 21 de octubre fue aun mas contundente: “Si la Gran Bretaña está tan quebrada, la cuenta de ayudas al extranjero también debe reducirse”. La actitud preponderante del público británico es, por contraste, un poco ambigua. Un sondeo del Instituto de Estudios del Desarrollo (IDS), publicado en septiembre, indicó que 62% de los entrevistados piensan que “es nuestra obligación como seres humanos ayudar a la gente más pobre del mundo” – pero simultáneamente 64% consideraba que a la pobreza en este pais (y, implicitamente, a los servicios de transporte, educación, salud y bienestar) debería dársele preferencia y 52% cree que la subvencion economica que el Reino Unido da a países en desarrollo es em mayoria malgastada. Por el contrario, hay algo de escepticismo entre los comentaristas de izquierda sobre si el incremento proyectado en donaciones internacionales de £7 billones a £11.5 billones será realmente implementada. “The Guardian” está preocupado de que se reduzca la administración del DFID al 50% (de £72 millones a £34 millones) simplemente resultará en más dinero entregado a instituciones internacionales como el Banco Mundial, y que los contribuyentes britanicos terminarán pagando por salarios más altos de los empleados de estas organizaciones y así habrá menos dinero para distribuir donde realmente se necesita. El Gobierno de Coalición generó controversia en el verano cuando indicó que la ayuda al extranjero debía hacer la “máxima contribución posible” a la seguridad nacional británica. “The Guardian” teme que esto signifique “un incremento de la ayuda en desarrollo militar” con más dinero vertido en Afganistán y menos en “pacíficas pero igualmente empobrecidas naciones africanas”. Por el momento, sin embargo, la principal crítica de los recortes ha sido que “El hachazo recae en los pobres” y que ni los banqueros ni el resto de la acomodada jerarquía del Reino Unido sufrirá “o compartirá el dolor” que será ocasionado en la mayoría de la población del país.