Que Hay Para La Cena? Las Companias De Alimentos No Quieren Que Se Sepa:

“No coma nada que su tatarabuela no reconoceria como un verdadero alimento”. Este es el consejo que ofrece Michael Pollan, periodista, activista y autor estadounidense que ha analizado críticamente la conexión entre las cadenas de “comida industrial” y lo que ponemos en nuestros platos. En opinión de Sarah Boseley, la corresponsal de salud de el Guardian, ni siquiera es necesario retroceder cuatro generaciones. Como señaló en el periódico el 12 de abril, 50% de la comida que llevamos a casa “está hecha en fábricas conteniendo una larga lista de ingredientes y aditivos, que en su mayoría nunca se encontraron en el armario de la cocina de nuestros abuelos”.

Boseley observó que hemos llegado a ser “una nación de consumidores de alimentos ultraprocesados”, un hecho que ya había subrayado en un artículo anterior en febrero cuando cito los resultados de una encuesta realizada por la publicación Nutricion de Salud Publica. Esto demostró que las familias en Gran Bretaña consumen mucho más comidas ya preparadas, galletas y bocadillos que cualquiera de los otros 19 países europeos encuestados, lo que equivale al 50,7% de la dieta. Alemania ocupa el segundo lugar con 46.2%, seguido por Irlanda con 45.9%. Según datos que el Guardian ha obtenido de la organización de investigación de mercado Euromonitor, las marcas que más se benefician de esta tendencia son Premier Foods (pasteles Mr Kipling, súper fideos y sopas de Batchelors), McVities (galletas dulces) y Walkers (patatas fritas), Kellogg’s (cereales para el desayuno), Cadbury’s (chocolate), Wrigley’s (chicle) y Haribo (dulces).

Como Carlos Monteiro, profesor del Departamento de Nutrición de la Universidad de Sao Paulo, Brasil, le dijo a Boseley, todos estos están invariablemente elaborados con ingredientes baratos y producidos a gran escala. Boselely también se refirió a la creencia de la profesora Corinna Hawkes, directora del Centro de Política Alimentaria de la Universidad Cuidad de Londres, de que “necesitamos un cambio en nuestra cultura alimentaria y los niños deben aprender a gustar el sabor de los alimentos reales. La solución es hacer que los vegetales, las frutas y los granos integrales sean más disponibles, asequibles, aceptables y atractivos y que el consumo excesivo de grasas saturadas, azúcar y sal sea más costoso y menos disponible”.

Las grandes compañías de alimentos han respondido a estas críticas insistiendo en que sus productos “pueden formar parte de una dieta sana y equilibrada”. Protegen la reputación de su marca y sus ganancias – segun la periodista del Sunday Times, Kate Mansey – sobre todo mediante el financiamiento de evaluaciones científicas emprendidas principalmente por académicos universitarios, a fin de obtener analisis favorables de sus productos. El hecho de que, como ha señalado Mansey, la industria alimentaria está pagando por la construcción de laboratorios y entregando subvenciones a universidades a traves de Gran Bretaña, ha generado preocupaciónes con relacion a su influencia en la integridad científica.

Los casos destacados por Mansey incluyen un estudio subsidiado por Nestlé que afirma que “una barra diaria de chocolate podría reducir el estrés para las mujeres”, otro financiado en parte por el gigante francés de la alimentación, Danone, sugiriendo que su yogur podría reducir el riesgo de enfermedades cardíacas. y aumentar la función cerebral y un tecero respaldado por la empresa austriaca Red Bull, que concluyó que su bebida energética “mejora significativamente el rendimiento de conducción”- opinion posteriormente disputada por la Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva.

Kate Bratskeir, una colaboradora del red digital “MIC”, se ha opuesto indignada a los acuerdos de patrocinio que la Sociedad Estadounidense de Nutrición (ASN) permite a compañías tales como PepsiCo, Nestlé, Coca-Cola y McDonalds. Considera que estos representan serios conflictos de interés: “Las marcas de alimentos obtienen lo que quieren (vender sus productos), los científicos consiguen lo que buscan (financiación para realizar investigaciones) y el público se queda con información errónea” – como que el jugo de arándano del “Ocean Spray” reduce los síntomas de infección del tracto urinario (UTI), los chocolates M & M, Snickers, Twix y Dove (todos fabricados por Mars) son “alimentos milagrosos” y que el yogur Danone Activia ayuda a prevenir resfriados y gripe y es bueno para el intestino.

El Director Ejecutivo de la”Autoridad de Nutricion”, Kris Gunnars, declaró en su columna para Healthline.com el 20 de febrero que “No hay decencia en la manera en que las empresas de comida de pésima calidad se comportan en su comercialización”. Lo único que les importa es el beneficio”. Prominente en su lista de las “once mentiras más grandes” son que la mayoría de los productos con etiquetas que dicen “bajo en grasas”, “reducido en grasas” o “sin grasa” no son saludables ya que invariablemente contienen azúcar extra y otros aditivos, los supuestos granos enteros no son realmente “enteros”, los productos llamados “sin gluten” a menudo estan cargados de ingredientes insalubres, y muchos fabricantes de alimentos emplean la palabra “orgánico” para engañar a los compradores: “Solo porque algo sea orgánico no significa que sea mejor para la salud”. Además, aunque el sabor en muchos alimentos procesados puede parecer natural, no lo es: Se deriva de quimicos artificiales, de azucar o de los dos .

¡Buen provecho!

Filed under: Salud | Posted on October 4th, 2018 by admin

Comments are closed.

Categories

Recent Posts

Archives

Copyright © 2018 Colin D Gordon. All rights reserved.